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Salud emocional

¿Sentirnos mejor con el ejercicio significa que estamos mejor? 🧠🏃‍♀️

Mujer descansando después de hacer ejercicio junto a una esterilla, un diario y un espacio de terapia

Últimamente mi feed está lleno de reels y fotos de personas corriendo, haciendo yoga o entrenando, acompañados de frases como “para que el mundo se haga borroso”, “para apagar mi mente” o “mi terapia” (y bueno, también de memes sobre los abuelitos deberían ser eternos, pero ese es otro tema) 😂. El punto es que me pareció importante hacer una reflexión sobre el ejercicio, las emociones y el cuidado de nuestra salud.

Empecemos por el principio. Sí, hacer ejercicio nos ayuda a sentirnos bien. Salir a correr después de un día pesado, ir al gimnasio antes de trabajar o hacer yoga para buscar calma cuando hay estrés son excelentes recursos. Todo eso está perfecto ❤️. El ejercicio beneficia la salud física y psicológica, de eso ya no tenemos duda.  Nos ayuda a afrontar momentos difíciles. Sin embargo, vale la pena hacernos una pregunta:

¿Qué ocurre cuando usamos el ejercicio para evitar aquello que nos hace sufrir, sin atender la dificultad que hay detrás?

Tarde o temprano, todos las personas pasamos por momentos difíciles: enojo, estrés laboral, duelos, tristeza, miedo o temporadas donde la cabeza no para. Salimos a entrenar y nos sentimos mejor. Ese alivio es real. Tu cuerpo se beneficia e incluso tu estado emocional puede mejorar. Pero sentir alivio no significa necesariamente que hayamos resuelto el problema.

Y ojo aquí:

No todas las personas que hacen ejercicio para sentirse mejor están evitando sus emociones.

No todas las personas que disfrutan entrenando tienen un problema.

Y utilizar el ejercicio para regular nuestras emociones no es, por sí mismo algo malo. 

Lo clave es preguntarnos: ¿qué función está cumpliendo esta actividad en nuestra vida?

🧠 ¿Qué nos dice la ciencia?

Un estudio reciente (Kolar et al., 2025) investigó las distintas funciones del ejercicio impulsado (driven exercise). Los investigadores observaron que una misma conducta puede responder a diferentes motivos:

Incrementar emociones agradables.

Disminuir emociones desagradables.

Responder a determinadas dinámicas sociales.

Es decir, podemos hacer ejercicio por puro disfrute, para sentirnos mejor emocionalmente o, en ciertas circunstancias, como un impulso para reducir el malestar. (Cabe aclarar que el estudio incluyó muestras específicas, como personas con trastornos de la conducta alimentaria y distintos niveles de actividad física, por lo que sus resultados no se generalizan a todo el mundo).

A veces, el alivio inmediato es lo único que tenemos a la mano en medio del caos. Incluso puede ser la opción más saludable frente a otros hábitos dañinos. Es humano y comprensible, porque nuestra historia nos ha llevado a desarrollar estos patrones como una forma de protección.

🟠 Pero entonces, ¿Dónde está la diferencia?

La diferencia no está en la conducta en sí, no esta en lo que hacemos, sino en cómo nos relacionamos con ella y para qué la hacemos.

Cuando una actividad se vuelve rígida, compulsiva o empieza a generar consecuencias negativas, es el momento en detenernos a observarnos y comprender qué nos esta pasando. Estas pueden ser algunas preguntas para reflexionar con curiosidad y sin juicio:

🧠 ¿Puedo descansar sin sentir culpa o pensar que hago algo incorrecto?

🧠 ¿Puedo permitirme sentir tristeza, miedo o preocupación sin intentar escapar de inmediato?

🧠 ¿El ejercicio es uno más de mis recursos para cuidarme o siento que es mi única manera de afrontar lo que estoy viviendo?

Estas preguntas no son un diagnostico, sino una invitación a mirarnos y contactar con nosotros.

❤️ Cuidarnos también implica atender lo que duele

Ignorar lo que nos incomoda es como barrer el polvo debajo de la alfombra: por encima todo se ve limpio, pero el polvo sigue ahí.

Esto no significa que el ejercicio sea malo ni que el bienestar que produce sea falso; simplemente significa que hay situaciones en las que podemos necesitar algo más. La psicoterapia puede ayudarnos a comprender y trabajar las dificultades emocionales que atravesamos, mientras que el ejercicio acompaña nuestro bienestar. No compiten, se complementan.

Prestar atención a la tristeza o la ansiedad y hacernos cargo de ello es una forma profunda de cuidado. Si estás pasando por un momento difícil, buscar ayuda profesional no es una muestra de debilidad, así como hacer ejercicio tampoco es una prueba de valentía. Ambas son formas de cuidarte.

🌿 Hablemos de salud. Hablemos de salud física, mental y emocional.